Hay momentos en la vida en los que el futuro realmente acojona.
Pensar que una decisión que tomes ahora puede cambiar tu vida para siempre. Y cómo saber cual es la respuesta correcta si la vida viene sin soluciones.
Puedes elegir bien o elegir mal. O no elegir, lo cual es literalmente imposible puesto que eliges no elegir, lo que supone tomar una decisión. La vida se alimenta de paradojas.
La vida es aquello que pasa mientras decides qué hacer.
Un filósofo dijo una vez que el ser humano tan sólo está condenado a ser libre. Y es que si somos libres todo lo que ocurre en nuestras vidas depende de nosotros y de nuestros actos. Suponer eso sería asegurar que somos totalmente responsables de todo, y que todo eso del azar y el destino son mierdas que intentamos creer para redimir nuestra culpa y quitarnos ese peso de encima que supone cargar con tu propia vida. Con todos los actos que la componen.
Y es en ese momento cuando te das cuenta de el miedo que te da vivir.
Por si la cagas,
por si nada sale como lo planeaste,
por lo que te puedan decir,
por si sufres,
por si amas,
por si te rompen en mil pedazos
y luego no sabes recomponerte.
Es ese momento en el que te das cuenta de que sólo estás tú ante el peligro. Que desde que nacemos vamos por la vida sin chaleco salvavidas, dando tumbos sin rumbo. Que todo lo que hagas puede resultar ser la peor decisión de tu vida. Que puede ser la mejor. Y que, a veces, es la única decisión.
sábado, 10 de mayo de 2014
domingo, 4 de mayo de 2014
Cuatro.
Seguimos sumando números
y sumando recuerdos.
Contando caricias
y recordando besos.
Nuestro álbum se llena de fotos
y nuestras noches de conversaciones.
Hablar de sueños rotos,
haciendo planes.
Sumamos las peleas,
la carretera se va llenando de baches.
A veces me da miedo acelerar,
se va muy bien en primera.
Pero cierro los ojos y acelero.
Te aprieto la mano y volamos.
Y bajamos,
pero cada vez estamos más cerca del cielo.
El suelo ya no es bonito porque no me recuerda a ti.
A veces no sé ni lo que digo.
Pero sigo sumando,
déjame contar contigo.
Si hay algo que restar
que sea la distancia que me separa de tu cama.
Y así sumar también madrugadas.
y sumando recuerdos.
Contando caricias
y recordando besos.
Nuestro álbum se llena de fotos
y nuestras noches de conversaciones.
Hablar de sueños rotos,
haciendo planes.
Sumamos las peleas,
la carretera se va llenando de baches.
A veces me da miedo acelerar,
se va muy bien en primera.
Pero cierro los ojos y acelero.
Te aprieto la mano y volamos.
Y bajamos,
pero cada vez estamos más cerca del cielo.
El suelo ya no es bonito porque no me recuerda a ti.
A veces no sé ni lo que digo.
Pero sigo sumando,
déjame contar contigo.
Si hay algo que restar
que sea la distancia que me separa de tu cama.
Y así sumar también madrugadas.
jueves, 24 de abril de 2014
Creo firmemente en esa frase que dice que no tomes decisiones cuando estés enfadado ni hagas promesas cuando te sientas feliz. Y me atrevo a incluir un par de acciones más. No es buena hablar cuando estás enfadado. En ese momento límite en el cual la ira es tal que no sólo no controlas tus palabras sino que no escuchas tus pensamientos. En esos momentos en los que somos bombas de relojería a punto de estallar.
Y si por un momento consigues mantener la calma y te paras a pensar, esa ira te abandona tan rápidamente como ha llegado. Se disipa. Y en su lugar te embarga una fría indiferencia, un amargo rencor, una sorprendente calma... A veces un poco de todo.
Por eso es recomendable respirar profundamente y pensar detenidamente el motivo de tu enfado. También se puede descargar el enfado contra el mobiliario de tu casa, el suelo, tus seres queridos o un teclado. No puedo garantizar los posibles efectos secundarios.
Con la felicidad pasa algo parecido. Pero cuando podemos decir: Soy feliz, con pleno conocimiento de causa. ¿Dejamos de ser felices en el momento en el que nos cuestionamos si lo somos? ¿O tal vez tratamos de alcanzar un ideal, un estado que no existe despreciando todos los momentos intermedios?
Y si por un momento consigues mantener la calma y te paras a pensar, esa ira te abandona tan rápidamente como ha llegado. Se disipa. Y en su lugar te embarga una fría indiferencia, un amargo rencor, una sorprendente calma... A veces un poco de todo.
Por eso es recomendable respirar profundamente y pensar detenidamente el motivo de tu enfado. También se puede descargar el enfado contra el mobiliario de tu casa, el suelo, tus seres queridos o un teclado. No puedo garantizar los posibles efectos secundarios.
Con la felicidad pasa algo parecido. Pero cuando podemos decir: Soy feliz, con pleno conocimiento de causa. ¿Dejamos de ser felices en el momento en el que nos cuestionamos si lo somos? ¿O tal vez tratamos de alcanzar un ideal, un estado que no existe despreciando todos los momentos intermedios?
sábado, 19 de abril de 2014
¿Qué es eso a lo que llaman amor?
Mira, ojalá pudiera desmitificártelo en pocas palabras, decirte sencillamente que es una fuerza creada por todos los seres vivos, que nos rodea, que nos impregna y mantiene unida la galaxia. Que está en tus células. Literalmente. Que esos microscópicos bichos hippies del amor corren por tus células y te conectan con el amor, o cualquier otra teoría pseudobiológica metafísicamente absurda. Pero la verdad es que hay diferentes tipos de amor y diferentes maneras de amar, y en realidad nadie entiende lo suficiente ninguno de esos tipos y maneras para decir algo que no sean más que tonterías con ciertas tendencias al sentimentalismo.
El primer viaje de Sócrates . Emil Ostrovski
El primer viaje de Sócrates . Emil Ostrovski
domingo, 13 de abril de 2014
...
Prefiero leer a escribir. Porque yo siempre he sido muy vaga. Aunque interiormente yo soy más de retos, últimamente intento no complicarme la vida. Bastante se complica ella solita sin necesidad de que yo haga nada.
Prefiero leer a escribir. Porque leer es más pasivo. Porque leyendo no tengo que pensar en mí. Prefiero dejarme absorber por una buena historia que por mis pensamientos. Y eso tal vez sea una señal, de algo. Tampoco tengo ganas de pensarlo. Hay días que pienso que podría pasarme la vida leyendo. Renunciar a vivir tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.
Prefiero leer a escribir. Y sí, también me gusta mucho repetirme. Pequeñas manías.
Pero aquí estoy. Escribiendo, pensando, viviendo y leyendo. Bueno, ya dije que siempre he sido más de retos.
Prefiero leer a escribir. Porque leer es más pasivo. Porque leyendo no tengo que pensar en mí. Prefiero dejarme absorber por una buena historia que por mis pensamientos. Y eso tal vez sea una señal, de algo. Tampoco tengo ganas de pensarlo. Hay días que pienso que podría pasarme la vida leyendo. Renunciar a vivir tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.
Prefiero leer a escribir. Y sí, también me gusta mucho repetirme. Pequeñas manías.
Pero aquí estoy. Escribiendo, pensando, viviendo y leyendo. Bueno, ya dije que siempre he sido más de retos.
martes, 18 de marzo de 2014
Vamos a jugar a un juego.
Te cambio la mente.
Quiero salir de este caos aunque sea un rato, y si para ello debo entrar en un caos ajeno, bienvenido sea.
Lo que más extraño de ser pequeña es vivir sin preocupaciones.
Que sí, que yo era de pensar mucho y en muchas cosas.
Pero mis problemas eran menores o cuanto menos distintos.
No me gustan los problemas de los adultos. Algunos no tienen solución pero no por ello puedes evitar que ocupen todo tu pensamiento. Hay otros que limitan con lo absurdo.
Por eso quiero salir de mi mente, no quiero seguir preocupándome por esa clase de problemas. Me niego.
Me he enfadado.
Con todo.
Con todos,
conmigo.
Cuando eres pequeño la vida es más fácil, tal vez porque las cosas no dependen tan directamente de tus acciones.
Cuando eres pequeño todo es más fácil, o cuanto menos distinto.
Te cambio la mente.
Quiero salir de este caos aunque sea un rato, y si para ello debo entrar en un caos ajeno, bienvenido sea.
Lo que más extraño de ser pequeña es vivir sin preocupaciones.
Que sí, que yo era de pensar mucho y en muchas cosas.
Pero mis problemas eran menores o cuanto menos distintos.
No me gustan los problemas de los adultos. Algunos no tienen solución pero no por ello puedes evitar que ocupen todo tu pensamiento. Hay otros que limitan con lo absurdo.
Por eso quiero salir de mi mente, no quiero seguir preocupándome por esa clase de problemas. Me niego.
Me he enfadado.
Con todo.
Con todos,
conmigo.
Cuando eres pequeño la vida es más fácil, tal vez porque las cosas no dependen tan directamente de tus acciones.
Cuando eres pequeño todo es más fácil, o cuanto menos distinto.
miércoles, 12 de febrero de 2014
A veces las personas no son conscientes de lo que sus actos influyen o dejar de influir en los demás.
Todas nuestras interacciones con los demás adquieren una consecuencia.
Una figura bastante influyente en nuestra adolescencia es el profesor.
Hay profesores que te marcan, pero unos para bien y otros no tanto. Existen profesores de esos que recuerdas siempre por todo lo que influyeron en ti. Y ya no se trata de medir cuantitativamente los conocimientos que te ha enseñado si no de una forma cualitativa todo lo que como persona te ha aportado.
Por otro lado, hay profesores que te hunden en la miseria. Yo creo que si supieran hasta que punto te anulan como persona en sus clases se dedicarían a otra cosa. Porque me niego a pensar que nadie tiene como vocación el joder a restos de mortales. Aunque más de alguna vez la duda me corroe.
Y lo peor de este puto año de mierda en el cual no nos dejan ni pensar, solo se trata de memorizar contenidos de distintas asignaturas para soltarlas en un examen de mierda al final de curso. Lo peor de todo es que ni siquiera me deja tiempo para indignarme.
Todas nuestras interacciones con los demás adquieren una consecuencia.
Una figura bastante influyente en nuestra adolescencia es el profesor.
Hay profesores que te marcan, pero unos para bien y otros no tanto. Existen profesores de esos que recuerdas siempre por todo lo que influyeron en ti. Y ya no se trata de medir cuantitativamente los conocimientos que te ha enseñado si no de una forma cualitativa todo lo que como persona te ha aportado.
Por otro lado, hay profesores que te hunden en la miseria. Yo creo que si supieran hasta que punto te anulan como persona en sus clases se dedicarían a otra cosa. Porque me niego a pensar que nadie tiene como vocación el joder a restos de mortales. Aunque más de alguna vez la duda me corroe.
Y lo peor de este puto año de mierda en el cual no nos dejan ni pensar, solo se trata de memorizar contenidos de distintas asignaturas para soltarlas en un examen de mierda al final de curso. Lo peor de todo es que ni siquiera me deja tiempo para indignarme.
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