viernes, 18 de marzo de 2011

Humor negro.

Se encontró frente a frente con la Muerte. Tenía que ser la Muerte. Nadie más iría por ahí con las cuencas de los ojos vacías, claro, Y la guadaña que llevaba al hombro era otra pista, La Muerte parecía sorprendida, al menos hasta donde puede parecerlo un rostro sin rasgos móviles.
-¿Rincewind?-dijo la Muerte, en  tonos tan profundos y pesados como puertas de plomo cerrándose en una cavidad subterránea.
-Humm-respondió Rincewind, intentando apartarse de la mirada sin ojos.
-Pero ¿qué haces tú aquí?
(Bum, bum, lápidas de criptas en sólidas montañas antiguas, comidas para gusanos...)
-Humm...¿por qué no iba a estar aquí?-se las arregló para responder Rincewind-.Además, estoy seguro de que tienes mucho que hacer, así que te dejo...
- Me sorprende que hayas tropezado conmigo, Rincewind, porque tengo una cita contigo esta misma noche.
.Oh, no, no...
- Pero, claro, lo jodido del asunto es que esperaba encontrarte en Psephopolis.
-¿Pero eso está casi a 800km!
-No hace falta que me lo recuerdes. Ya veo que se me ha vuelto a descuajaringar todo el sistema. Oye, mira ¿no te importaría...?
Rincewind retrocedió, extendiendo las manos frente a él como para protegerse. En una caseta cercana, el vendedor de pescado seco comtempló a aquel loco con interés,
-¡ Ni pensarlo!
- Puedo prestarte un caballo muy rápido- ofreció la Muerte,
-¡ No!
- No dolerá nada.
- ¡No!
Rincewind se dio la vuelta y echó a correr. La Muerte le miró alejarse, y se encogío de hombros con gesto de fastidio,
-Pues que te den por culo-dijo la Muerte.
Se dio la vuelta, y vio al vendedor de pescado, Con un gruñido, la Muerte extendió un dedo literalmente huesudo, y detuvo el corazón del hombre. Pero no le sirvió de consuelo.

Este es un trozo de un libro que me estoy leyendo ahora, Me llamó la atención. -El color de la magia, Terry Pratchett

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